¿Por qué colaboramos?

¿Por qué nuestra civilización valora la conducta altruista y rechaza el individualismo? Álvaro Fisher, chileno autor de La mejor idea jamás pensada, nos explica desde la teoría darwinista de la evolución porqué colaboramos.

Actualmente la colaboración en las plataformas digitales es un fructífero modelo de generación de conocimiento y de negocios. Por ello nos parece útil remontarnos al origen de la cooperación en la sociedad para ayudarnos a comprender la inteligencia de colaboración, ese principio que rige al mundo digital, esa memoria común construída por la convergencia de nuestras inteligencias particulares.

Hay famosos ejemplos de cooperación de conocimiento como WikipediaLinux y el Proyecto del Genoma Humano, pero también los hay de empresas exitosas, por ejemplo la enorme Procter & Gamble, donde han “tercerizado” su investigación vía redes de científicos como Innocentive. ¿Pero por qué colaboramos?, ¿por qué nos provocaría escribir un artículo en Wikipedia o enviar un diseño a la empresa de T-shirts Threadless?

Altruismo recíproco: Hoy por ti, mañana por mí

Para explicarnos esto Fisher nos lleva a un mundo prehistórico. Allí a algún individuo dentro de un grupo de cazadores-recolectores se le ocurrió cazar un enorme animal, un mamut por ejemplo. Ese líder natural rápidamente se debe haber dado cuenta de que necesitaba ayuda para reducir a esta bestia y de que era importante dividir las actividades para lograr el cometido.

Las mujeres deberían quedarse amamantando y cuidando a los niños, el futuro del grupo, así que no eran las candidatas naturales para la cacería (quizá una de las razones originales de la división del trabajo por género), los viejos y los niños serían muy débiles para la misión, así que los invitados a la aventura fueron los hombres más fuertes.

Dentro de este grupo de cazadores seguramente solo uno fue el que mató finalmente al animal, otro par los que lo trocearon, otros diez los que cargaron los pedazos de carne de vuelta al campamento, y fueron muchos más los que no hicieron nada, pero al final todos comieron por igual. Seguramente en otras cacerías los roles se intercambiarían, hoy por ti mañana por mí…

Lo importante de esta anécdota es que para sobrevivir aprendimos que colaborar es más eficiente que actuar por nuestra cuenta. Necesitamos a otros para cazar, necesitamos a otros que sepan prender fuego, necesitamos a otros que sepan programar, necesitamos a otros que sepan redactar, diseñar, fotografiar, construir, calcular… Esto es intercambio y especialización del trabajo. Pero fíjense la paradoja, el colaborar es al final un acto egoísta, los otros como instrumento para la sobrevivencia individual.

El biólogo Robert Trives llamó a este fenómeno altruismo recíproco: las personas tienen conductas altruistas con terceros porque esperan conductas recíprocas en el futuro, es decir, esperan recibir beneficios de aquellos que ya fueron beneficiados.

No es muy edificante desnudar a nuestra especie y comprobar que somos por naturaleza egoístas. Fisher explica que no es que seamos calculadores racionalmente, sino que es un instinto de intercambio que ha sobrevivido por ser evolutivamente eficiente: cooperamos porque al final todos recibimos un beneficio, de esta forma es que nuestra sociedad ha prosperado.

Sanción para los egoístas

Otra importante lección de esta teoría evolucionista de la cultura, es que el que no coopera a la larga es sancionado por el grupo. Seguro que varios individuos de nuestro grupo de cazadores primitivo no participaron de la cacería ni de ninguna de las otras tareas alrededor de ella, pero igual comieron. Puede que la primera vez les resulte, pero si este comportamiento egoísta se vuelve un patrón, el grupo terminará por exiliarlo, como le pasó a Zed, el fofo e inútil personaje de Jack Black en Year One, el perfecto ejemplo del parásito social.

Trayendo la anécdota a nuestros tiempos, los que siempre van a fiestas con las manos vacías, los que roban en vez de trabajar, los que piden favores pero nunca los dan, los que toman conocimiento de otros pero acaparan el propio, a la larga serán sancionados con el exilio social, como mínimo desde un punto de vista moral. Al contrario, aquél que no teme en revelar sus fuentes para que otros accedan al conocimiento, por ejemplo, en la mayoría de los casos resultará premiado con más conocimiento brindado por otros agradecidos de su altruismo.

La sobrevivencia de los más aptos

Esta perspectiva cínica que nos presenta Fisher sobre nuestra naturaleza es muy diferente a lo que estamos acostumbrados, por ello útil para contrastar. Aquí solo dejamos unos trazos para familiarizarlos con la mirada darwinista de la cultura, mucho más compleja que esta breve síntesis.

Nosotros, trabajadores y estudiosos de las plataformas digitales, tomamos de aquí la siguiente lección: el éxito digital es karmático, mientras más das más recibes. Es la sobrevivencia de los más aptos: los que colaboran.

Andrea Hoare Madrid @maspop

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