Popmasonería, ¿una nueva logia?


La masonería es polémica, pero como a todo en la vida, también tiene su filón pop, y es en él donde excavaremos, céteris páribus el amor-odio, rechazo-atracción que ha generado durante más de tres siglos.

Pero primero lo primero, asentar el origen. La masonería moderna prosperó al calor de los ideales de la Ilustración francesa durante el Siglo XVIII, si bien sus raíces se remontan a los gremios de albañiles de la Edad Media, esos sabios -aún artesanos para su época- constructores de catedrales.

Durante los siglos de la iluminación crecieron como una fraternidad universal convencida de que existe un principio creador de la existencia humana, aún no identificado, al que denominaron el Gran Arquitecto. Sus profundos valores humanistas impulsaron la tolerancia y la libertad de pensamiento, de allí la aversión que han generado en regímenes totalitarios de diversa calaña.

La masonería definitivamente prosperó en el nuevo mundo, lejos de muchos prejuicios y condenas europeas, siendo sus ideales y sus miembros, claves para la mayoría de las independencias americanas.

Por ejemplo, en el sur del continente San Martin y O´Higgins pertenecieron a la logia Lautaro fundada por Francisco de Miranda, masón amigo y aliado de Washington, Jefferson, Franklyn y el resto de los masones padres de la nación norteamericana. Más cerca aún, Bolívar y Bello también fueron masones, pero es Francisco de Miranda el que está en todos los “paseos de la fama” masones, como el de Filadelfia y el Arco de Triunfo en París.

Pero ¿porqué nuestro interés en la masonería? Abiertamente es semiótico, los masones han manejado magistralmente la simbología. Para ellos los símbolos concentran conocimiento para sus iniciados, conocimiento que suele estar a la vista de todos sin darnos cuenta necesariamente, pues opinan que los más grandes secretos se conservan mejor en lo obvio.

Sobre lo obvio como mejor escondite, coinciden teóricos y charlatanes en que la ciudad de Washington es un muestrario perfecto. Se dice que fue diseñada siguiendo instrucciones precisas de Benjamin Franklyn, Jefferson, Washinton y Adams, razón por la que estaría plagada de simbología e iconografía masona. En la película National Treasure, o en la novela de Dan Brown El símbolo perdido, se puede hacer un recorrido pop por la capital yanqui masona.

En Nueva York, puerta norte del nuevo continente está la Estatua de la Libertad, la libertad iluminando al mundo el nombre oficial del monumento. Las enaguas de la francesa están llenas de símbolos, para empezar su primera piedra, que fue colocada en una ceremonia masónica, lo que está ampliamente documentado.

La estatua fue un regalo promovido por importantes miembros de logias parisinas para conmemorar el primer centenario de la independencia de esta joven patria, definitivamente masona. Entre ellos, Gustave Eiffel -el mismo de la Torre Eiffel- fue el encargado de su estructura interior.

Pero a lo pop. Masonería hay hasta en los chocolates suizos:

Toblerone, fue creado hace más de cien años por el suizo Theodor Tobler, apellido que origina su nombre fusionado con la terminación del italiano torrone. Según cuenta el nieto de Tobler, éste era un reconocido masón, e inspirado por la logia eligió la forma del chocolate como homenaje a la llama, símbolo de la masonería francesa, y no al monte Cervino como se pensaba.

Los colores del Barça, el Futbol Club Barcelona: Sus fundadores eran declarados masones. Los colores elegidos para el equipo se especula que son los colores que representan uno de los grados superiores de la logia.

El billete de dólar: quizás es el símbolo masón más reproducido del mundo. Está lleno de alusiones, pero una de los más evidentes es “el ojo que todo lo ve” en la cima de la pirámide truncada.

El hecho es que la literatura, el cine, el comic y la ficción en general se han servido de la masonería en sus argumentos. En Sherlok Holmes pulula la sociedad secreta en sus párrafos, al igual que en varias aventuras de Batman por nombrar algunos.

Los Picapiedras tienen su versión más cándida de la logia con los Búfalos Mojados, mundo masculino en el cual Betty y Wilma trataron de entrar y salieron golpeadas, aludiendo directamente en este episodio al machismo masón.

Incluso nuestro querido Homero el Grande fue expulsado de Los Magios (Stonecutters en el inglés original), ocasión en que parodiaron los ritos masónicos en Los Simpsons.

Como vemos la ironía hacia la logia es un tópico común en muchos círculos de intelectuales-comediantes, como los agudos Monty Python, quienes constantemente recurrieron en sus sketchs al sectarismo y a momentos de ridiculez supina en ciertas ceremonias de la logia, siendo muy obvio en el del Arquitecto.

Yendo rápidamente al campo de la política pop, por ahí se especula que Barak Obama es miembro de una logia masónica, y que varios presidentes latinoamericanos actuales han solicitado ser admitidos. ¿Verdad o mito? Eso es parte del juego centenario de los masones con nuestras mentes.

Existen otras menciones a los masones y organizaciones similares, mucho menos serias pero no por ello menos divertidas. Destaca la página Vigilant Citizen, creada por un periodista convencido de que existe una conspiración Illuminati en la música pop, señalando al reciente video de Lady Gaga Alejandro, como lleno de simbología oculta, por solo nombrar un caso.

¿Pop, no? Cerramos esta disgresión con una idea: en +pop, como los masones, creemos que lo obvio, lo cotidiano, está plagado de conocimiento profundo.

Who controls the Brittish crown?
Who keep the metric system down?
We do! We do!
Who keeps Atlantis off the maps?
Who keeps the Martians under wraps?
We do! We do!
Who holds back the electric car?
Who makes Steve Gutenberg, a star?
We do! We do!
Who robs cave fish of their sight?
Who riggs every Oscar night?
We do! We doooo!

(Canción de los Magios, Los Simpsons)

Andrea Hoare Madrid

1 comment for “Popmasonería, ¿una nueva logia?

  1. 17 agosto, 2010 at 2:57 pm

    Al comenzar a leer no pude dejar de recordar a “El Arquitecto” de la Matrix y a la misma referencia, más recientemente, en Inception…

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