La meme eléctrica de Robert Aunger

Hay días en que amanecemos más académicos y no más pop, hoy es uno de ellos. Preparando los apuntes para la clase de Memética esta vez nos distrajimos traduciendo una reseña Electric Meme de Robert Aunger, en el Canadian Journal of Communicational que nos ayudará a darle profundidad al fenómeno de la remezcla del cual ya hablamos en el Remix del Remix Manifesto.

El concepto de meme del teórico evolucionista Richard Dawkins es muy amplio, incluyendo todo tipo de cosas que comunicaran cultura, desde slogans en franelas hasta canciones populares. Desde entonces han surgido muchas discusiones sobre los memes y la posibilidad de que sean mucho más que una teoría más sobre la evolución comunicacional y cultural. Ellos podrían ser entidades físicas similares a los genes. La meme eléctrica, del antropólogo de Cambridge Robert Aunger, es uno de los aportes más recientes a esta discusión.

Aunger observa que la idea de los memes ha generado muchas más discusiones en la cultura popular que en los ámbitos académicos. Esto se evidencia en una serie de sitios Web dedicados al concepto extremo de las memes como parásitos que infectan los cerebros humanos y por esa vía toman el control de todo el comportamiento humano para satisfacer sus propios fines, por ejemplo Meme Central.

Si esta línea de pensamiento fuera proseguida por académicos, el estudio de las memes sería algo similar a la epidemiología. El otro extremo de esta discusión es simplemente aceptar el concepto de las memes como una útil metáfora, nada que amerite una investigación seria.

En un punto medio entre este debate algunas investigaciones académicas han ocurrido, como lo evidencia el Journal of memetics, un periódico digital que ha publicado artículos de académicos de disciplinas, desde la música hasta la economía. Susan Blackmore, una psicóloga que escribió The meme machine en 1999, y Daniel Dennett, el filósofo que escribió Darwin´s dangerous idea en 1995, probablemente sean los académicos que más energía han invertido en la memética. Aunger cita a estos autores frecuentemente y, aunque respeta su trabajo, señala varias carencias en ellos, por lo que decide entrar a la conversación.

La razón por la que Aunger se une al debate es porque, como el mismo señala, en medio de la discusión sobre las memes, nadie ha determinado si realmente existen o no, y en el caso de que existieran, en qué forma y cómo operarían. Aunger comienza desde cero y decide explorar las razones del porque una teoría de los memes es necesaria, y de cómo serían y cómo trabajarían.

Él asegura que las meme podrían llegar a ser la mejor teoría sobre la evolución cultural, si condujeran a nóveles predicciones, dieran cuenta de una variedad más amplia de fenómenos que otras teorías, y si las entidades culturales que tienen las características de replicadores pudieran demostrar su existencia. Aunger admite que no puede probar sus afirmaciones, pero que sí puede demostrar que las “memes pueden ser rescatadas del Airy-Fairy-Land en que existen actualmente” (p.64).

Aunger hace algunas suposiciones, comienza demostrando que la teoría de la evolución de Darwin puede ser generalizada para explicar la evolución cultural. Para argumentar este punto el autor recurre a otros dos tipos de nuevos replicadores, es decir, replicadores que no son genes y que no se reproducen a través del ADN. Estos son las proteínas llamadas priones, que se consideran la causa de males neurológicos como la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, y los virus computacionales.

Estos replicadores nos ofrecen algunas claves para entender la naturaleza de las memes pues si bien expanden nuestra comprensión de los replicadores más allá de la genética, siguen obedeciendo las leyes de la replicación. Una de las reglas clave de las memética, es que los replicadores no pueden existir en más de un sustrato, que es la plataforma material de la cual son dependientes.

Este último punto es importante porque escritores previos, como Blackmore, ven a las memes residiendo en comportamientos, artefactos e ideas. Aunger argumenta que las memes sólo pueden existir como ideas, no como comportamientos ni artefactos.

Luego de su examen de la información, concluye que la información en una entidad física no puede existir independientemente de la materia en la cual se manifiesta. Si las memes, como la información, deben tener una entidad física y no pueden ocupar más de un sustrato, las memes deben residir en el cerebro. Las memes son actividad neurológica, estados electroquímicos. En una larga discusión sobre neurología, Aunger construye el concepto de neuromeme, con el cual llega a la conclusión de que las memes son una clase específica de memoria que se puede replicar a sí misma.

Los argumentos de Aunger se desmontan en este punto crucial. Si los memes son un tipo específico de actividad cerebral y una clase de memoria, resultan muy similar al concepto de engram, la escurridiza pieza del cerebro o de la función cerebral donde la memoria residiría. La búsqueda de los engrams ha tenido ocupados a los psicólogos y neurólogos por más de cincuenta años.

Aunque Aunger descarta toda esta línea de investigación, se refiere al trabajo de los neurólogos Lashley y Penfield, explicando su fracaso en la búsqueda del engram, en el hecho de que se hayan centrado únicamente en el tejido cerebral. Aunger explica que la búsqueda debió haber incluido las funciones electroquímicas del cerebro, donde él sugiere que debiera residir la también escurridiza meme.

Aunque Aunger refiere la búsqueda de los engrams a través del trabajo de Lashley y Penfield, le hizo falta señalar que las funciones electroquímicas del cerebro sí fueron estudiadas como posibles fuentes de la memoria. Una rápida revisión de un texto de introducción a la psicología demuestra las múltiples rutas abiertas en la búsqueda de los engrams, empezando por las corrientes eléctricas del cerebro, el funcionamiento de las sinapsis, los efectos del ARN, y las funciones electroquímicas (McConnell, 1989). Al ignorar estas líneas de investigación, Aunger obvió estudios previos que hubieran arrojado dudas sobre su teoría de los neuromemes.

La idea de que las memes residen en el cerebro y que no pueden, como se afirma en interpretaciones más generalistas, residir en señales o artefactos, crea problemas para determinar cómo los memes son comunicados. Para Aunger las señales y los artefactos son lo que llama instigadores, son los que inician la formación de las memes en el cerebro de los receptores. Al principio la diferencia puede parecer semántica, pero este concepto crea toda una nueva teoría de la comunicación que Aunger llama co-evolucionaria.

Aunger sostiene que su teoría se enfrenta con asuntos no contemplados por las teorías de la comunicación mecánicas o inferenciales. De esta forma expande su idea de teoría co-evolucionaria para sumarse a una teoría de la evolución cultural que depende del intercambio continuo entre la evolución de los artefactos y la evolución de las memes.

Traducción: Andrea Hoare Madrid

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