Nueva York está en California


En los años germinales de Hollywood, epicentro de la producción de cine y televisión que nos ha acunado, y consciente o inconscientemente hemos hecho propia, las cámaras y las luces eran tan dinosáuricas que resultaba más rentable construir los sets de grabación y filmación, tanto interiores como exteriores, en vez de trasladar los equipos a locaciones reales. Ese es el principio básico del florecimiento de los grandes estudios Paramount, Metro Goldwyn Mayer, Columbia, Warner Brothers, Universal…

Desde los años 20 se dedicaron a construir en los alrededores de Los Ángeles ciudadelas que permitieran hacernos creer las historias. Por ejemplo, en Universal Studios es posible visitar los umbríos castillos y callejones en la “pequeña Europa”, donde grabaron todos los Dráculas de Tod Browning y los Frankenstein de James Whales entre los años 30 y 40. Unos pasos más allá contrastan las monumentales calles greco-romanas donde caminaron Stanley Kubrick y Kirk Douglas filmando Espartaco. El viejo Kirk, hoy abuelo de los hijos de Catherine Zeta Jones.

Al seguir recorriendo esta mezcla ecléctica e icónica, destaca la casa de Norman Bates, el confuso enfermo mental de Psicosis de Hitchcock, y no está en una colina como los contrapicados de la película lo sugieren, sino en un valle junto a los restos de turbinas de avión caídos sobre casas destrozadas para la filmación de la Guerra de los Mundos de Spielberg, película de Paramount que alquiló los espacios de Universal.

Apenas se abandona el caos tras la invasión extraterrestre, encontramos a Amity Island intacta, el pueblo vacacional donde el Tiburón de Spielberg iba a comer piernas de surfistas, científicos y temporadistas (Jaws, 1975).

Metros más adelante está la piscina con las miniaturas del barco que transportó al King Kong de Peter Jackson desde una isla remota a las costas de Nueva York.

Así como éstas, hay cientos de anécdotas en cada rincón de los estudios. Son espacios que han sabido mantener y convertir en templo de nuestra cultura pop occidental, meca a la que todos debiéramos peregrinar alguna vez.

El hecho es que la tecnología ha cambiado haciendo a las cámaras y al resto de los equipos fáciles de trasladar, no obstante, siguen presentes otros costos asociados como los viajes, el alojamiento y la permisología.

¿Qué han hecho los inteligentes estudios para aprovechar la movilidad de los equipos y optimizar los recursos? Pues priorizar los viajes para las grandes producciones de cine y no para las primas pobres –aunque productivas- series de televisión. Y es aquí dónde les abriremos los ojos, les ofreceremos la pastilla roja de Neo. Si deciden tomarla ya nunca verán sus series favoritas igual que antes. Si optan por la ceguera lleguen hasta aquí.

Los trasbastidores de las series

Las series utilizan estas “ciudades” genéricas (backlots), edificadas por los estudios en sus patios traseros entre los años 30 y 50, para sus grabaciones. Estos espacios además son brillantemente aprovechados como lucrativas atracciones turísticas y como sede de las oficinas de producción. Nada se desaprovecha.

Los que viajan mentalmente con las series, disfrutan San Francisco con Monk, Pasadena junto a Sheldon de Big Bang Theory, rememoran Nueva York en Law & Order, conocen Tokyo o vuelan sobre los desiertos australianos con Héroes, huelen la playita en CSI Miami o la suerte en CSI Las Vegas, o creen que encontrarán a Tina Fey en su próximo viaje a NY comiendo un bagel con queso crema a la vuelta del Rockefeller Center… pues viven engañados por la magia de la televisión.

Todos estos cosmopolitas actores viven en Los Ángeles o sus alrededores, al menos durante la grabación, y todas estas series son grabadas en las mismas calles y estudios de ficción de Hollywood.

La fantasía también abarca las canchas deportivas, los parques públicos y cualquier otra enorme extensión natural, y el truco es de una sencillez abrumadora: no más de 10 metros cuadrados de jardín con un cuidado cesped, que al ponerle detrás una pantalla verde –también conocida como Chroma Key– es convertido en post-producción en el Central Park en segundos gracias a imágenes de apoyo, normalmente recicladas (pongan atención a la permanente repetición de los extras en segundo plano).

Hablando de Central Park imposible no mencionar al Central Perk, el famoso café donde los Friends se reunieron durante 10 años a chacharear, y sí, es tan neoyorquino como una palmera de Beverly Hills.

Ahora bien, no sólo series de TV utilizan estos sets sino también importantes filmes contemporáneos como Spider Man. Por ejemplo, en Warner Brothers, a unos metros del callejón de “Nueva York” donde Kirsten Dunst le da un beso al colgante Spider Man (el enclenque Tobey Mcguire), está la entrada al sótano del Chinatown donde el misterhydediano Gizmo -semental de los Gremlins– fue comprado como regalo de Navidad.

Un poco más allá está la peluquería de Zohan, y la calle donde baila disco-disco. Y cada vez que otro estudio necesita algún escenario genérico para aparentar Chicago, Filadelfia, San Francisco, Londres, Tokyo, Hamburgo, cuentan con un enorme almacén de utilería que en una mañana torna una ciudad en otra, la noche en día, el invierno en primavera, sustituyendo letreros de tiendas, potes de basura, hidrantes, vegetación…


Tampoco crean que estos backlots, estás ciudades-estudios son enormes. La pantallas verdes y la magia computarizada (Computer Generated Imagery) siempre están allí para dar profundidad, altura, horizontes, texturas y ambientes. Aquí en Universal nos recuerdan que su Jurasic Park fue el pionero haciendo creíble lo increíble. Después de esta película es complicado explicarle a un niño pequeño que los dinosaurios se extinguieron hace miles de años.

Pero no todo es digital, en Hollywood respetan la tradición y han hecho converger los viejos trucos con los bits. Por ejemplo, está el ingenioso aunque burdo Bush Wagon, un trailer que arrastra una pared de arbustos que tapa cualquier vista urbana si la idea es internarse en un bosque o una selva.

El Bush Wagon es especialmente útil en una pequeña zona con vegetación muy tupida y un mínimo lago artificial en el cual se grababa el aterrizaje del avión de la Isla de la Fantasía, zona que hoy es alquilada por HBO como los pantanos de Bon Temps, el pueblito de Luisiana de True Blood, con su bar Merlot incluido.

Es evidente que las pantallas verdes y el CGI son las reglas hoy en día. En este contexto destaca el valor de los cineastas independientes -y sin presupuesto- que salen a la calle armados con una sencilla cámara y buenas ideas en búsqueda de autenticidad e historias mínimas.

Sin ir más lejos, pensemos en el fenómeno que ha representado youtube para la sociedad actual: reducir la ficción, procurar la autenticidad está de moda. Hollywood es el mainstream, pero también es clave de nuestra herencia pop, cultura que podremos disfrutar más consicientemente si entendemos el valor de la representación y el de las imágenes recreando el espacio y la arquitectura.

Nueva York está en California, no hay duda.

Postdata: tiempo después nos enteramos que sí hay series que se graban en Nueva York, pocas sí, pero las hay. Por ejemplo Thirty Rock, así que sí tienen probabilidades de toparse a Tina Fay comiendo un Bagel en algún local del Rockefeller Center. Los Sopranos, Mad Men y Sex and the city también han sido o siguen siendo grabadas en Queens. La meca audiovisual Neoyorquina son los estudios Silvercup (pueden ver detalles en este enlace de Newyorkando)

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