Derechos digitales a la chilena

Esto de estar en Chile tiene un aroma cultural indiscutible. Hace unos días ya fui a la Biblioteca Nicanor Parra -bautizada por el poeta que recién dio al país su tercer premio Cervantes- a una conferencia sobre derechos de autor en las plataformas digitales moderada por Alberto Fuguet, autor de novelas chileno-contemporáneas, con varias películas a cuestas y muchos Apuntes Autistas.

La mesa redonda se organizó alrededor de la visita de Kirby Ferguson en Chile, la mente de Everything is a Remix, una serie sobre los derechos de autor en las plataformas digitales que ha dado la vuelta al mundo. Pero lo cierto es que Ferguson fue el que menos habló. Se apropiaron de la conversa los abogados, quienes le dieron con todo a los que pretenden restringir la libertad de expresión y el libre flujo de las ideas en internet.

“Estamos viviendo una especie de farwest donde nadie tiene nada claro, excepto que seguimos adelante”. Así fue como abrió la discusión Alberto Fuguet, para dar paso inmediatamente a los expertos.

¿Civilización de delincuentes?

El primero en tomar la palabra fue Andrés Valdivia, director ejecutivo de noisemedia, podcaster y one hit wonder chileno. De él nos quedó dando vuelta esta idea en la cabeza: “es muy exitante estar vivo en esta época. No como en los ochenta en que el mundo parecía más fijo”. Más adelante lanzó otras reflexiones inquietantes, como que si la ley de derechos de autor no se pone al día, pronto nos convertiremos todos en delincuentes. “¿Si le enseño a mi hijo a bajar música, le estoy enseñando a delinquir?”, vaya pregunta.

Ley delirante

Iñigo de la Maza, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Diego Portales, fue el siguiente en aclararle el panorama de los derechos de autor a los asistentes: Chile debería proteger las leyes de propiedad intelectual puesto que es un requerimiento del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. No obstante, “en la práctica nadie respeta nada”.

De la Maza nos explicó el origen de los derechos de autor: su objetivo en la sociedad es disciplinar la forma en que se distribuyen los contenidos. El asunto es que mal entendidos desincentivan la creación de nuevas obras, por entorpecer el acceso a las precedentes.

También descató el absurdo que resultan estas leyes proteccionistas para las nuevas generaciones: “Que yo tenga que tener permiso para modificar un meme no está en el marco mental de los jóvenes”.

Pero quizás la aseveración más impactante de De la Maza fue que la Ley de Derechos de Autor no protege a los autores, sino a los intermediarios, lo que considera una “definición delirante”. En este orden de ideas la Ley de Propiedad Intelectual “no tiene sentido económico ni justificación social” en palabras del mismo especialista.

¿Y existe la originalidad?

La estocada final a esta ley añeja la dio Claudio Ruiz, presidente de la ONG Derechos Digitales y líder público de Creative Commons en Chile. Explicó que toda esta discusión reside sobre el concepto de originalidad, cuyo alcance debe reinterpretarse, cosa que no se ha hecho, pues definitivamente las prácticas van más rápido que el derecho.

La Ley de Derechos de Autor vigente en Chile -y estamos más que seguros que en muchas partes de nuestro continente- fueron creadas en tiempos en los que parecía más importante “proteger” que “dar acceso”. Hoy en día la masificación de la tecnología ha supuesto la democratización de la creatividad, cambio que esta ley añeja no ha sabido comprender ni asimilar.

El hecho es que Claudio Ruiz está muy claro, lo que nos sorprendió viniendo de un abogado, los que usualmente hablan “abogado”. Ruiz afirma que aquí no estamos hablando en realidad de derecho sino de prácticas comunes y “hay que dejarle de darle tanta importancia a la ley para dársela a las prácticas”.

La conclusión de todos los panelistas -excepto de Ferguson que se convirtió en un asistente más- fue que el sistema de derechos de autor tiene que ser repensado, no que desaparecer. No se trata de eso, al final lo que todos queremos es perpetuar la memoria y la cultura humana pero con libertad.

Después de ese día vemos las cosas mucho más claras. Espero que les haya pasado lo mismo.

Andrea Hoare Madrid

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