Cristóbal Colón y James Tiberius Kirk eran blogueros


Los profesores de la Sección de Teoría e Historia de la Arquitectura de la Universidad Simón Bolívar tienen la productiva rutina de realizar tertulias para nutrir de transdisciplinariedad a sus estudiantes. En este contexto tuve el placer de visitar las aulas de arquitectura -escondidas entre un bosque de pinos y eucaliptos y refrescadas con un frío merideño- para conversar sobre el impacto de los blogs en la reorganización del conocimiento contemporáneo. La tertulia fue bautizada Blogs: Nuevas bitácoras de la ciudad, y en ella compartimos junto a Rafael Osío Cabrices, Gustavo Jiménez y Víctor Sánchez Taffur -generadores de este fenómeno que me gusta llamar blogs de autor– distintas visiones. Aquí les dejamos la nuestra:

La idea del blog es tan antigua como la historia de los grandes navegantes. Los capitanes usaban el cuaderno de bitácora para relatar las novedades del viaje. Incluso el ficticio Capitán Kirk narraba las aventuras del Enterprise en su bitácora del Capitán.

¿Entonces Cristóbal Colón y James Tiberius Kirk eran blogueros? Bien podríamos decir que sí, pues en sus bitácoras llevaban un relato cronológico para la posteridad, lo que en estrictu sensu es el espíritu que heredaron los registros web (web-logs) contemporános.

Valga esta rápida revisión de la historia y la ciencia ficción para dejarles claro un punto: no hay ideas nuevas, todo es reciclaje cultural, y dentro de ese reciclaje las ideas que sobreviven son las más aptas, aquellas que mejor se adaptan, del mismo modo que en la selección natural de las especies planteada por el darwinismo. La idea de relatar definitivamente es una de ellas.

Lo que pasó con los blogs es un traslado de bitácoras de átomos a bitácoras de bits. Como siempre, los avances de la tecnología ayudándonos a hacer mejor lo que ya hacíamos.

Blogs: iconoclastia y subversión

Pero los blogs no terminan en el relato, apenas comienzan allí. Estas bitácoras contemporáneas han demolido centros, jerarquías y espacios de confort como la academia, las corporaciones o los medios. En esta ciudad de bits el conocimiento es impaciente, no espera a ser dictado en cátedras o a ser publicado en periódicos.

Vivimos una época en que la tecnología ha democratizado la apropiación y distribución del conocimiento sin la necesaria intermediación de terceros. La disponibilidad de sencillos y gratuitos programas para administrar contenidos -como Blogger y WordPress- ha convertido esto de la publicación en una tarea accesible a todo aquel que disponga de un computador y conexión a internet.

Estas bitácoras virtuales evidencian cómo lo digital disuelve viejas dicotomías como maestro-alumno, escritor-lector, medios-audiencia, arquitecto-cliente, centro-periferia. Ya no hay centro sino comunidades en permanente reagrupación. Aquí todos cambiamos de roles como de ropa, convirtiéndonos en productores de conocimiento con solo etiquetar una foto, redactar un tuit o corregir una coma en Wikipedia.

Esta posibilidad de ser parte de la memoria colectiva adquiere solidez en el blog, con modernos capitanes que no solo narran y comparten, sino que reflexionan con pasión de groupie y no como deber de asalariado.

Ciudad de links

Esta cualidad líquida de la conexión digital pone nervioso aún a muchos, no escapando la Universidad a ello. Lo bueno es que cada vez son más los que se han dado cuenta de estas nuevas posibilidades para conectar saberes.

Refiriéndonos específicamente a la Universidad, comprobamos con alegría que ya hay un grupo interesante de académicos -poco académicos- que escaparon del claustro lanzándose en picado a los blogs para conectar ideas. Ellos se han dado cuenta que el conocimiento ya no está en pretender la originalidad o acumular conocimiento, sino en la calidad de los enlaces que construimos. Nosotros somos los arquitectos de esta civilización de bits, de esta aldea global recordando al Padre Mcluhan.

También son muchos los alumnos y aficionados que han decidido desarrollar una idea a su manera, que si lo hacen bien pueden convertirse rápidamente en autoritas sin necesidad de credenciales o títulos oficiales. En los blogs lo que manda es la personalidad, el punto de vista y el dominio del tema que tengan sus autores.

Es cierto que tanta facilidad para distribuir información nos puede intoxicar con contenidos chatarra. Pero ahí viene al rescate la lógica del mérito. Solo aquellos contenidos auténticos y relevantes sobrevivirán la evolución de estas nuevas especies y serán oídos en la jungla digital.

No olvidemos que está en nuestra naturaleza compartir, es la base de la cultura, además que es el negocio del futuro, pero ese es otro tema 😉

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