Colaborar tiene un precio

Desde hace dos semanas los estudiantes de lógica digital han estado colaborando con la memoria colectiva de la humanidad, específicamente corrigiendo, mejorarando e incorporando entradas a la página de la Universidad Central de Venezuela en Wikipedia. Escribirlo es sencillo, pero en la práctica ha resultado una aventura épica.

Colaborar seriamente con Wikipedia para algunos llegó a ser frustrante. Resultaron demasiado frecuentes los embates de los cancerberos wikipedistas velando por la norma y estándares, estilo y redacción. Estas esfinges, ante el menor deliz optaban por el bloqueo de la naciente página, eso sí, dejando abierta la pestaña discusión para los pugnaces héroes que osaran seguir adelante perfeccionando su creación.

Aprendimos que la estructura de la inteligencia colectiva es tan compleja como cualquier proyecto humano. Asumir que son espacios de inocencia adánica y sin ley es un error. Para colaborar no basta el deseo, hay que ganarse el derecho a participar entre los miembros de la comunidad en cuestión.

Para no sentirnos tan solos, transcribimos el extracto del trabajo “Lógica Digital: Inteligencia de Colaboración y orden meritocrático” (Hoare: 2008), donde se narra la lucha del gigante IBM por ganar su derecho a colaborar con Linux:

Dan Frye fue el director de IBM que decidió unirse a la cocreación del sistema operativo Linux en vez de combatirlo. Su propósito era multiplicar las ganancias de la compañía diseñando innovaciones y a la vez descargarse de costos significativos. Lo más difícil de esta experiencia, como admite Frye, fue lograr que su equipo fuera aceptado en la comunidad. Aprobación que consiguieron luego de entender que “la gente participa en estas comunidades como individuos. Tú no eres un empleado X de una compañía Y. Tú eres una simple persona. La compañía para la que tú trabajas no impresiona a los programadores en la comunidad” (Citado en Tapscott y Williams, 2006: 80). Luego de esta visión, idearon una manera de ganar credibilidad, y fue demostrando su buena fe al aceptar aquellas tareas repetitivas que nadie quería asumir pero que requerían ser resueltas.

Por otra parte, en IBM entendieron que la comunicación en estos sistemas con fronteras abiertas, es instantánea y transparente, con rápidos feedbacks e independencia en la toma de decisiones. Las conversaciones en Linux se realizan a través de mensajes instantáneos, el e-mail o cualquier otro recurso que resulte más rápido. Dinámica completamente distinta a la comunicación de la compañía, siempre atenta a las sensibilidades internas, frecuentemente lenta y moderada. De aquí que también fuera preciso acelerar y horizontalizar el proceso, estimulando la autonomía del equipo de ingenieros colaboradores de Linux, lo que en la práctica significaba confiar en ellos el destino del proyecto.

Esta experiencia de Frye, corrobora en la práctica la certeza de Pierre Lévy sobre la moral que se genera en las comunidades virtuales. Esta moral propia se sostiene en acuerdos y costumbres no escritos, pero que regulan con la fuerza de la práctica la participación de sus miembros. Aquí la regla fundamental está determinada por “la pertinencia de las informaciones” (Lévy, 2007: 101), es decir, nunca será posible integrarse a una comunidad enviando mensajes irrelevantes o haciendo perder el tiempo a los demás. El aporte constante de contenidos útiles y productivos es lo que da frutos a la larga y el deseado derecho de participación.

Desde un punto de vista teórico, podemos además sustentar el hallazgo de Frye con la certeza de Lévy, quien asegura que en la red los individuos son sólo eso, estableciendo el estatus de reciprocidad como la moral implícita en las comunidades virtuales (2007: 101). El francés amplía esta idea explicando que, si bien se aprende y obtienen ganancias de los contenidos generados en comunidad, debe llegar el momento en que se realicen aportes notables. Si esto no ocurre, el bloqueo -o exilio- será una posibilidad altamente probable. De aquí que la decisión de Frye de contribuir con tareas poco deseables, lo haya ayudado a forjar su buena reputación en la opinión pública de la comunidad y en definitiva acceder con toda la ley a esta fuente viva de innovación.

Años después, es posible comprobar el acierto de IBM desde un punto de vista estratégico. Unirse a Linux resultó una forma vanguardista y rentable de outsourcing, no obstante, Frye aclara que siempre estuvo muy consciente de los riesgos que implicaba la colaboración, que fundamentalmente radican en que muchos procesos quedan fuera del locus de control interno. Por ello, recomienda la colaboración para el desarrollo de áreas no medulares del negocio, procesos que normalmente reciben escasas partidas presupuestarias.

Otra ganancia para IBM, fue aprender que participar en la economía de colaboración y unirse a la conversación global, no implica abandonar los modelos jerárquicos y de integración vertical de la corporación, sino más bien complementarlos con la agilidad, frescura y franqueza de la inteligencia externa.

En definitiva, la clave para el éxito de cualquier proceso de colaboración organizacional, es ganarse primero las credenciales entre el resto de los miembros de esta sociedad basada en la meritocracia. Esto se logra adaptándose a las normas y la velocidad de la comunidad abierta de la que se desea ser parte, y en ningún momento tratando de imponerse, criticar o liderar, al menos hasta que no se hayan construido relaciones cálidas y de confianza.

El caso de IBM es un ejemplo magnífico de apropiación empresarial de la lógica digital, fundamentada en la inteligencia de colaboración y en los méritos de los participantes y los contenidos. La plataforma tecnológica hizo explícita la necesidad de integración con las audiencias de una organización, esfumando las fronteras con el entorno y demostrado los beneficios de atender los mandamientos del enfoque sistémico. IBM encontró fórmulas de innovación al colaborar con comunidades fuera de sus muros, mejor dicho, convirtiéndose en parte de la comunidad.

Andrea Hoare Madrid
____

Ya hemos dicho que los lugares digitales son karmáticos, mientras más bien demos, más bien recibiremos. Pero para dar bien hay que ser BUENOS.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *